Análisis del día

Así viene la semana política y económica en América latina (5 al 11 de junio)

La primera semana completa de junio se abre para Latinoamérica con la resaca por los comicios en México, y con la aceleración de los próximos procesos electorales que tendrán lugar en Argentina, Chile y Honduras.

Además, persisten numerosas incógnitas e interrogantes a escala regional: por ejemplo, si Michel Temer logrará o no sobrevivir a la crisis política que enfrenta Brasil; qué novedades traerá la larga e irresuelta crisis venezolana; qué nuevos obstáculos saldrá al encuentro del proceso de paz de paz en Colombia; si seguirá el gobierno y la oposición peruanas enfangadas en una estéril y paralizante pelea política; y, finalmente, cuáles serán las primeras iniciativas del nuevo gobierno ecuatoriano que encabeza Lenin Moreno.

A-. Dos patos cojos en México y Brasil

Las dos grandes potencias regionales viven momentos políticos y económicos muy diferentes. El país norteamericano crece económicamente, aunque a un ritmo muy lento, y goza de estabilidad política e institucional. Brasil, por el contrario, apenas sale de una profunda recesión económica y los escándalos de corrupción han colocado al gobierno de Michel Temer, quien en 2016 asumió el cargo en lugar de la destituida Dilma Rousseff, en una situación muy delicada.

Sin embargo los dos países coinciden en que sus respectivos gobiernos afrontan el tramo final de sus mandatos dado que en 2018 hay elecciones presidenciales y entre diciembre de 2018 y enero de 2019 cambiarán ambos Jefes de Estado. Son una especie de patos cojos sobre todo teniendo en cuenta los últimos sucesos: la derrota del PRI en Edomex y la corrupción que salpica a Temer.

Brasil vive pendiente de lo que ocurra el 6 de junio.

Ese día, el tribunal electoral debe dar el fallo sobre si condena las cuentas electorales de la fórmula Dilma Rousseff-Michel Temer. Si se comprueban las irregularidades de la campaña, Temer perdería su puesto y el Congreso tendría que realizar una elección indirecta para elegir a un nuevo mandatario, quien termina su periodo presidencial el 1 de enero de 2019.

De todas formas gobierno de Michel Temer ha llegado, en los hechos, a su final y ello por varias razones que incluyen no solo el último escándalo (el descubrimiento de un audio en el que el presidente avalaría una trama de corrupción).

En primer lugar, la tarea está casi cumplida

El paquete de reformas que ha liderado este gobierno desde 2016 se ha cumplido casi al 100% y la economía empieza a salir de la recesión.

Temer ha impulsado reformas estructurales en el Congreso con el objetivo de recuperar la confianza de los inversores para que el país vuelva a crecer. Primero se votó un congelamiento de los gastos públicos para frenar el déficit; luego se aprobó una serie de leyes de flexibilización laboral para estimular el mercado de trabajo, y ahora, se encuentra a la espera de que sea votada la más resistida de las medidas, una modificación del sistema previsional para establecer una edad mínima de jubilación y mayores períodos de aportes.

La economía brasileña ha empezado a recuperarse: cayó un 3,8% en 2015 y un 3,5% en 2016 pero el último trimestre del año pasado, la retracción fue menor de lo esperado (-0,16%) y ha habido un resultado positivo de los primeros tres meses de este año. El gobierno estima que al final de este año, el PIB crecerá un 0,5%. Por primera vez tras ocho trimestres de contracción, la actividad económica en el país se expandió durante los tres primeros meses de este año, según informó el Banco Central.

En segundo lugar, el ambiente preelectoral ya empieza a asomar y eso tiene unas consecuencias paralizantes para la gestión del gobierno.

En octubre de 2018 habrá elecciones presidenciales, una larga y dura campaña que de una forma u otra va a paralizar el proceso legislativo y las iniciativas del gobierno. El ejecutivo va a tener menos apoyos, o al menos estos van a ser más volubles, porque los partidos van a darle su respaldo pensando más en la coyuntura electoral que en la económica. De hecho, el PMDB y el PSDB, claves en el sostenimiento de Temer, ya han amenazado con salirse del gobierno para aminorar el alcance de los casos de corrupción que golpean al ejecutivo.

En tercer lugar, los escándalos de corrupción dejan muy malherido (o quizá muerto) al gobierno de Temer

El gobierno de Temer nació en mayo de 2016 lastrado por la sombra de la corrupción y ese fantasma le ha perseguido de forma constante. Dimitieron desde su toma de posesión 8 ministros  y 12 se hayan investigados.

Ahora la sombra de la corrupción golpea de lleno a Temer: Los dueños del frigorífico JBS aportaron a la Justicia audios y videos que revelan que, en marzo, el mandatario avaló el pago de millonarios sobornos al detenido ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, para comprar su silencio y proteger así al Palacio del Planalto ante una eventual delación suya en el marco de la operación anticorrupción Lava Jato. Lo ocurrido con Temer no es una sorpresa porque sobre el vicepresidente de Dilma Rousseff pendían muchas dudas en torno a su situación y por ende sobre su futuro judicial e institucional.

En México, lo ocurrido en la jornada electoral del 4 de junio va a marcar, en buena medida, lo que acontezca durante la campaña electoral de 2017 y hasta 2018.

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De las elecciones en Edomex ha salido un partido relanzado con vistas a las elecciones presidenciales de 2018. Esa fuerza es Morena, la que lidera Andrés Manuel López Obrador y que llevaba como candidata a la gobernación a Delfina Gómez. No ha ganado pero su segundo puesto a pocos puntos del vencedor es un éxito y potencia aún más a López Obrador como gran favorito para imponerse en los comicios del año que viene.

Consolida a Morena como una fuerza competitiva y la primera de la izquierda mexicana. López Obrador va a salir de esta cita ante las urnas muy bien situado para afrontar la campaña electoral que se avecina.

Como apuntara el analista Leo Zuckermann “al principio de la contienda, nadie se imaginó, ni siquiera ellos, que su candidata, Delfina Gómez, podía ganar la gubernatura. Un tercer lugar, con una buena votación, hubiera sido buena noticia para Morena. Un segundo lugar, excelente. ¿El primero? Como sacarse el premio mayor de la lotería…. sería algo maravilloso para López Obrador: enviaría el mensaje que está a tiro de piedra de ganar la elección presidencial, amén de gobernar el estado más poblado de la República”.

López Obrador sostiene un discurso que se muestra exitoso: antisistémico, contrario a los partidos tradicionales y a las reformas implementadas por Peña Nieto. Sin embargo, en su principal fortaleza se encuentra también su hándicap mayor: sus actitudes y frases de tinte autoritario e intolerante, sus mensajes polarizadores y maniqueos provocan que sea imposible que él unifique a todo el voto de izquierdas y tenga muchas dificultades en llegar al electorado de centro.

El éxito de López Obrador refuerza a Morena pero también al antilopezobradorismo que va a buscar una alianza para el año 2018. La alianza PAN-PRD ha triunfado en Nayarit lo que unido al ascenso de López Obrador puede empujar a que se forme a escala nacional una alianza contra natura (el centroderechista PAN con el izquierdista PRD).

Una coalición que ya se ha propuesto, que solo se explica por el antipriismo de PAN y PRD que coinciden también en su profundo  antilopezobradorismo. Una coalición que será competitiva en la medida en la que el PRI queda debilitado de la cita en Edomex o no logre encontrar un buen candidato para 2018.

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En palabras de Pascal Beltrán del Río: “Un triunfo de Morena en el Estado de México pondría a Andrés Manuel López Obrador en ruta directa hacia la Presidencia de la República. La única forma de impedir su llegada a Los Pinos sería mediante una amplia coalición de sus contrarios”.

B-. La crisis venezolana

La crisis institucional y la fuerte polarización política que vive Venezuela provoca que no deje de plantearse cuál puede ser la salida hacia la que se dirige el país. Múltiples y muy heterogéneas han sido las opciones que se están barajando.

Van desde el colapso del régimen, a que la situación degenere en una fuerte represión de las protestas e incluso se ha especulado con una guerra civil de alta o baja intensidad. También se ha hablado de una salida electoral que a su vez puede ser de tipo tradicional o con un escenario claramente favorable al gobierno. Por último, tampoco se ha descartado la salida golpista protagonizado por las Fuerzas Armadas. Si bien es muy complejo prever hacia dónde se dirige el país, en este análisis se va a optar por descubrir cuáles son las opciones más probables dentro de esa amplia gama de alternativas:

1-. Las opciones más traumáticas son las menos probables

En concreto, es poco probable el colapso del régimen dado que no solo cuenta aún con un respaldo de en torno al 30% de la población sino que además tiene el apoyo del aparato del Estado y sobre todo de las Fuerzas Armadas.

Tampoco es previsible que toda esta situación degenere en una guerra civil. Para ello debería romperse la unidad de las Fuerzas Armadas, algo que históricamente no ha ocurrido en este país desde que a inicios del siglo XX se construyó un ejército profesional. Además, en las actuales FFAA puede haber diferencias de opinión y disidencias pero sobre todo hay comunes intereses (económicos, de gremio y políticos) que hacen poco probable esa división.

Si podría haber brotes de “guerra civil de baja intensidad” en forma de atentados, boicots y sabotajes pero que serían más actos coyunturales y marginales que estructurales y de gran entidad.

Es difícil contemplar una salida basada en la simple represión de las protestas y que estas sean aplastadas. Sobre todo por el alto costo en vidas y de imagen interna y externa que esto tendría. Internacionalmente, Venezuela acentuaría aún más su actual aislamiento y es muy poco probable que las FFAA, construidas en torno al mito del rechazo a la represión de “Caracazo” de 1989,  respaldaran semejante represión.

CHAVISTAS CELEBRAN ANIVERSARIO 24 DE

B-. Las salidas intermedias, las más probables

Venezuela se dirige hacia una salida electoral. No hay otro destino viable pero sí muchos caminos diferentes para alcanzar esa meta. Una salida electoral sería mediante  unas elecciones claras y transparentes a las que se llegaría solo si el gobierno resultara derrotado del actual periodo de protestas y movilizaciones. Y eso porque en unas elecciones así la oposición sería la ganadora.

Otro escenario electoral sería el que busca en estos momentos el gobierno. Crear un marco legal y electoral que, en los hechos, arrincone a la oposición , la deje fuera y sin margen de acción e incluso la obligue a salirse fuera del sistema. Es el “modelo nicaragüense” de comicios en los que la oposición mayoritaria no acude y la que lo hace es funcional al régimen.

En ese sentido el gobierno de Maduro impulsa la convocatorio de una Asamblea Constitucional para diseñar un nuevo marco institucional que favorezca al régimen

Finalmente, existe la posibilidad de que se produzca un movimiento de carácter “golpista” en el que las FFAA aparten al sector madurista del poder y lleven el peso de unas negociaciones con la oposición. Las FFAA tendrían además a su favor que el gobierno está cada vez más aislado y el chavismo más dividido entre fieles a Chávez y partidario de Maduro.

De hecho, esas grietas explican los vaivenes y marchas atrás del gobierno. El presidente de Venezuela aseguró este jueves que la Carta Magna que surja de la Asamblea Nacional Constituyente será sometida a referendo, tras el rechazo de la fiscal general, la chavista Luisa Ortega, y otras figuras del chavismo a esa iniciativa sin consulta popular.

A partir de ahí podrían pactar la transición con los sectores antichavistas (sobre todo en lo que atañe al respeto a los intereses y el mantenimiento del control económico de las FFAA). Finalmente habría elecciones en las que un candidato opositor se enfrentara a uno más potable para el “antichavismo” y que encarne a los intereses de las FFAA.

C-. Chile, bajo la resaca de la encuesta del CEP

El último informe ante el Congreso de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y la encuesta CEP han dado el pistoletazo de salida a la campaña electoral para las presidenciales de finales de este año.

La encuesta CEP, conocida el pasado viernes, coloca a Sebastián Piñera como el candidato con mayor intención de voto pero condenado a disputar la segunda vuelta y por ahora sin capacidad de traspasar el 30% de respaldo.

Alejandro Guillier sigue siendo la mejor carta de la coalición oficialistas, la centroizquierdista Nueva Mayoría, pero ha empezado a bajar en cuanto a apoyos que se le escapan por la izquierda (el Frente Amplio de Beatriz Sánchez) y el centroderecha de la democratacristiana, Carolina Goic.

En las próximas semanas deber definirse si Goic continúa con su candidatura (solo alcanza el 2% de la intención de votos) y qué nuevas estrategias impulsarán Piñera para romper su estancamiento y Guillier para acabar con su lenta caída.

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