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América latina, tempo electoral marcado por la ralentización económica y la desafección política

Latinoamérica vive en clave electoral en este 2017 y a las puertas de un año decisivo como va a ser 2018. Entre finales de este año y el año que viene va a haber elecciones en Honduras y Chile -2017- y en Costa Rica, Colombia, Paraguay, México, Brasil y Venezuela ya en 2018.

Todos estos procesos son importantes para cada país en concreto y también desde un punto de vista de la inserción internacional de la región.

a-. Desde un punto de vista internacional el futuro del acuerdo Mercosur-UE pasa por lo que acontezca en las elecciones y procesos políticos y judiciales internos en especial de Brasil y Argentina

No por casualidad la visita que ha desarrollado esta semana Angela Merkel a la Argentina de Mauricio Macri supone un espaldarazo indirecto a la gestión macrista y su apuesta por la apertura y el acercamiento a Europa. Las palabras de la canciller germana no dejan lugar a dudas:  “Nos congratulamos que después de un año de interrupción se hayan relanzado las negociaciones para un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea”.

El paralizado acuerdo entre Mercosur y la UE (tres lustros negociándose) ha cobrado nuevos bríos (como ya ocurriera a comienzos de la década pasada o en 2010) con los cambios ocurridos en Brasil (caída del gobierno de Dilma Rousseff en 2016) y Argentina (fin del kirchnerismo en 2015). Ahora el eje Brasilia (Michel Temer) Buenos Aires (Macri) es mucho más favorable a firmar un acuerdo con la UE que los era el lulismo y el kirchnerismo.

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Mauricio Macri junto a Angela Merkel en Casa Rosada

Sin embargo, para que esta condición se cumpla, es necesaria la supervivencia política de Temer en Brasil y la victoria de Macri en las elecciones legislativas de octubre.  De nuevo la propia Merkel ha dejado muy claro que si se revierte la situación interna las negociaciones podrían volver a la vía muerta: “Esta visita, mi primera en Argentina como canciller, ocurre cuando el presidente Macri ha reabierto su país a los mercados financieros después de un largo período de cierre y prohibición”.

b-. Además todas estas próximas citas ante las urnas que van a venir marcadas por dos dinámicas internas que acompañan a los procesos electorales:

-.  La alta desafección y hasta rechazo de parte de la población hacia el sistema tradicional de partidos, las fuerzas políticas y los liderazgos tradicionales.

Una población, clases medias emergentes, que se sienten disconformes con unos estados penetrados por la corrupción y el crimen organizado que además se muestran ineficientes e ineficaces a la hora de impulsar políticas públicas para dar mejores servicios públicos a la ciudadanía.

-. El bajo crecimiento económico que no da respuesta a las demandas sociales

La región como conjunto va a crecer este año (en torno al 1-2%) tras un bienio 2015 y 2016 de decrecimiento.

Pero va a crecer muy por debajo de lo necesario para que ese crecimiento revierta en una disminución de la pobreza y la desigualdad. Ese lento crecimiento (salvo casos muy puntuales como Panamá o Perú) retroalimenta el malestar ciudadano hacia la política que no resuelve los problemas más del día a día.

Estos son las dos variables que explican e influyen sobre lo que en este 2017 y en 2018  va a acontecer en los comicios y en la precampaña en varios países de la región en cuatro escenarios:

1-. La desafección hacia los partidos tradicionales explica el fuerte descenso de apoyos al PRI en Edomex y mucho más acusado al PAN mientras se produce el ascenso de Morena.

Los resultados relanzan la candidatura de Andrés Manuel López Obrador para 2018 y su discurso nacionalista (que auguraría renovadas tensiones con Donald Trump), anti-stablishment y antipartidos (ambos mensajes gratos a un electorado “enfadado” con los viejos partidos y las elites tradicionales) y anticorrupción (junto con la inseguridad, el principal mal que padece el país).

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Andrés Manuel López Obrador en una coferencia

Pero ni siquiera el carisma, liderazgo y “pureza” que enarbola López Obrador es capaz de canalizar todo el sentimiento de malestar. En Edomex votó solamente poco más del 50% de los ciudadanos llamados a hacerlo.

2-. La población en América latina busca lo nuevo y alternativas a los viejos partidos.

Eso explica las graves dificultades que en Chile atraviesa la coalición en el poder, Nueva Mayoría, heredera de la Concertación que gobernó Chile desde el final de la dictadura de Pinochet (1990) hasta 2010 y luego regresó en 2014 bajo un nuevo nombre.

Para 2018 el centroizquierda chileno ha buscado renovarse presentando un candidato independiente (Alejandro Guillier) que no ha conseguido ilusionar a toda la coalición (la Democracia Cristiana va a presentar su propia candidata) y que se encuentra paralizado en las encuestas ya que pierde votos por el centro y, sobre todo, por la izquierda donde ha surgido una nueva fuerza, el Frente Amplio al margen de los partidos tradicionales e incluso al margen del viejo Partido Comunista.

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Alejandro Guillier con varios seguidores

El desgaste que sufre gobiernos que acumulan muchos años de gestión unido a que a la mayoría se les ha acabado la gasolina que sustentaba sus ambiciosas políticas económicas y sociales (la caída del precio de los commodities) explica la seria crisis de gobernabilidad y la crisis institucional que se desarrolla en Venezuela. Ahí el chavismo perdió en 2013 a su líder (Hugo Chávez), vio como los precios del petróleo se derrumbaban (2015) y como la oposición se hacía con importantes fortalezas institucionales (mayoría de la Asamblea desde 2016).

3-. Otra de las características del momento político que vida la región es la fuerte polarización política, cada vez más acentuada.

Una polarización que incluso se busca en algunos países como Argentina. Ahí el gobierno de Macri apuesta a una pelea con el kirchnerismo y con su líder, Cristina Kirchner, en las legislativas de octubre. Cambiemos (el macrismo) sabe que es más competitivo frente a la antigua presidenta que contra alternativas más centristas como la que encarna Sergio Massa.

Argentina se dirige a una cita ante las urnas muy disputada y reñida en donde se medirán dos bloques que tratarán de polarizar el mapa político: el oficialismo macrista vs el kirchnerismo opositor.

Esa es la dinámica que vive la región, la de la creciente polarización y victorias muy ajustadas en las urnas. Esa parece ser una de las características electorales del momento político que vive la región. Y no solo la región. En otros lugares como en Europa se vive un proceso de fraccionamiento del sistema de partidos producto de los efectos de la crisis y la desafección. Lo demuestran los resultados en España (que ha pasado de un bipartidismo imperfecto a un mayor fraccionamiento), la necesidad en Portugal de formar un gobierno de gran coalición de izquierdas  o la pérdida de la mayoría absoluta de los conservadores de Theresa May en el Reino Unido.

En América latina, el primer ejemplo de esta tendencia a resultados ajustados y polarización tuvo lugar en 2014 en El Salvador cuando el candidato del FMLN, Salvador Sánchez Cerén logró que este partido continuara en el poder tras imponerse en el balotaje a Norman Quijano (ARENA) por menos de un punto de diferencia. 50,11% obtuvo Sánchez Cerén por 49,89 del candidato de la derecha.

Ese mismo año Brasil dio un nuevo ejemplo de victoria por la mínima.

Dilma Rousseff se impuso en la segunda vuelta al recibir el 51,6% de los votos frente al 48,3% de Aécio Neves. Si en primera vuelta la presidenta rondó los ocho puntos de diferencia en segunda solo aventajó al líder del PSDB en 3.

En 2015 Argentina repitió la historia de un resultado polarizado y ajustado. Mauricio Macri logró dar la vuelta al resultado (acabó segundo en la primera vuelta) y se impuso por muy poco en el balotaje a Daniel Scioli (51,3% frente al 48,6).

Finalmente el ejemplo más dramático y emocionante fue el de Perú donde Pedro Pablo Kuczynski, como Macri, logró revertir el segundo lugar obtenido en primera vuelta y se impuso a Keiko Fujimori por menos de un 0,3% de diferencia.

En 2017 el correísmo, Alianza País, que se impuso en 2009 y 2013 en primera vuelta, ha tenía que acudir a la segunda vuelta con su líder Lenin Moreno que se ha ganado al opositor Guillermo Lasso por poco más de dos puntos.

Así pues, atravesamos por un momeno de elecciones más reñidas y competidas por varias razones:

-. por el desgaste de los oficialismos (el caso del PT y Rousseff en 2014),

-. Por los efectos de la desaceleración sobre una sociedad más movilizada y de vínculos más volátiles

-. Por el incremento del malestar y la polarización ideológica (fujimorismo vs antifujimorismo en Perú, petismo vs antipetismo en Brasil, kirchnerismo vs antikirchnerismo en Argentina, derecha vs izquierda en El Salvador, correísmo vs anticorreismo en Ecuador y el más que previsible lopezobradorismo vs anti-López Obrador).

Como señala Daniel Zovatto, “es cada vez más evidente que a los oficialismos les cuesta ganar las elecciones con comodidad (pasó en El Salvador, en Colombia y ha vuelto a ocurrir en Brasil). Pero también es cierto que a las oposiciones tampoco les resulta fácil derrotar a los oficialismos (han fracasado este año en El Salvador, Colombia, Bolivia, Brasil y probablemente también en Uruguay). El electorado parece estar optando no tanto por el cambio, entendido como alternancia, sino por el cambio en la continuidad, reeligiendo a los oficialismos pero al mismo tiempo enviándoles un mensaje de insatisfacción con la actual situación”.

4-. La creciente presencia de la corrupción como elemento determinante en el panorama político y electoral

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Michel Temer, presidente de Brasil

 

Durante la década de bonanza (2003-2013) la corrupción se perdonaba u olvidaba más fácilmente. Lula da Silva fue reelecto con facilidad en 2006 tras el escándalo de un año antes, el “mensalao”. En la región predominaba el “roba, pero hace” o mejor: “Hay corrupción pero la bonanza nos alcanza a todos”.

Esa dinámica se ha roto con la desaceleración y crisis que vive la región desde 2013 lo que unido a una sociedad más activa y empoderada provoca que la corrupción no se pase tan fácilmente por alto.

Además el caso Odebrecht como una mancha de aceite alcanza a casi todos los países de la región (desde el Caribe –Rep. Dominicana- a Sudamérica –Colombia, Ecuador, Perú, Argentina- pasando por Centroamérica –Guatemala, Panamá-).

Sus consecuencias, profundas y de calado, están poniendo en entredicho a numerosos políticos y en dificultades a algunos gobiernos, en especial al de Michel Temer en Brasil. El máximo tribunal electoral de Brasil (TSE) lleva a cabo el juicio sobre el financiamiento ilegal de la campaña de RousseffTemer, que podría anular su victoria electoral de 2014 y desembocar en la destitución de Temer, que sustituyó en 2016 a su predecesora, Dilma Rousseff, también destituida.

Todo indica que la corrupción, junto con la desaceleración y la inseguridad, se ha convertido en uno de los grandes temas de preocupación ciudadana capaz de derribar gobiernos (como el de Otto Pérez Molina en 2015), poner en entredicho a administraciones (como la de Michel Temer) o golpear las opciones políticas de algunos candidatos.

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