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UE y América latina siguen a la espera de una estrategia

Introducción

La semana pasada estuvo marcada por el viaje de la canciller alemana Angela Merkel a Argentina y a México.

En ambas visitas de Estado se insinuó la posibilidad de que el vínculo atlántico se sostenga y se refuerce apoyado en la apuesta por el librecomercio. En el caso sudamericano por medio de la firma de un TLC entre la Unión Europea (UE) y Mercosur, cuyas negociaciones ya acumulan más de tres lustros.

La UE, por boca de Merkel, ha admitido que deberá hacer concesiones y sacrificios por ambas partes si tiene la voluntad de alcanzar un acuerdo comercial.  Pero más allá de esas dificultades, se ha ido formando un nuevo ambiente, diferente entre la UE y Mercosur: “Nos congratulamos que después de un año de interrupción se hayan relanzado las negociaciones para un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea”, afirmó la canciller.

En el caso mexicano, la alianza UE-México se transformaría en  una respuesta a las pretensiones proteccionistas de la administración Trump y a la tensión creciente entre la zona europea y EEUU. Para el gobierno mexicano, Europa se alzaría así como una alternativa comercial frente al posible cierre estadounidense. A la vez, Merkel ve en México un aliado frente al nuevo gobierno de EEUU., que ha emprendido un alejamiento geopolítico con respecto a la UE.

Merkel, en este sentido, destacó en Ciudad de México que “ambos países tenemos un fuerte compromiso con el libre comercio y estamos muy unidos en la defensa del medio ambiente” y Peña Nieto resaltó que “es un momento crucial para el mundo. Es vital defender la democracia, el libre comercio como motor para el desarrollo, los derechos humanos, el respeto al medio ambiente. Y a la Organización Mundial del Comercio (OMC) como eje del sistema multilateral”.

Más allá de la importancia de esta gira de la canciller Merkel, lo que sigue sin resolverse en la relación entre América latina y la UE es la existencia de una estrategia a largo plazo que cimente y dé continuidad a la alianza estratégica.

Aún se encuentra en el debe de la relación el diseño y elaboración de un proyecto común compartido de carácter integral que incluya los ámbitos geopolítico, político, económico-comercial, social y cultural. En el texto que hoy les presentamos abordaremos los primeros items y en un próximo informe abordaremos los relacionados con los elementos socio-culturales:

Una asignatura pendiente: una estrategia global

En primer lugar, se trata de un vínculo que solo avanza por las iniciativas individuales de países concretos (España o Alemania).

La alianza estratégica UE-América latina, por el contrario, debe sostenerse en el esfuerzo de varios de los pesos pesados de la UE: España (por vínculos históricos y económicos en la actualidad), Alemania y Francia son los países llamados a construir un eje europeo “pro-latinoamericano” que impulse la vinculación económica, comercial, cultural y geoestratégico con América latina.

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El presidente de Argentina, Mauricio Macri, junto a la canciller Merkel

En segundo lugar, el vínculo debe tener continuidad.

No solo debe haber escenarios que den fluidez a la relación sino que la UE debe ser la voz de América latina donde Latinoamérica no se encuentre presente: la región ni siquiera apareció entre los temas abordados y tratados durante la última reunión del G-7. La agenda eurolatinoamericana debe ser sostenida por ambas partes en reuniones, cumbres, foros y plataformas en común y allí donde una de las partes pero sí la otra (por ejemplo en el G-7) no se encuentre presente.

Asimismo, el vínculo debe articularse mejor mostrando que la alianza va más allá de gestos o palabras. La coordinación entre la UE y México, Brasil y Argentina en el G-20 tiene que hacerse realidad para que dentro de ese foro la alianza estratégica eurolatinoamericana gane peso e influencia.

América latina posee unas importantes cartas que jugar en este nuevo contexto que se abre con la ralentización de China y el giro aislacionista de los EEUU de Donald Trump. Las cartas que posee Latinoamérica tendrán aún mayor valor si encuentra un compañero de juego (la Unión Europea/España) en esa partida global que se está a punto de jugar.

 

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El presidente de México, Enrique Peña Nieto, junto a la canciller Merkel

América latina importa, y mucho, para España y para la Unión Europea (y de forma recíproca) por, al menos, cinco razones sobre las que es posible reconstruir una alianza estratégica:

1-. En primer lugar por cuestiones geopolíticas

La crisis institucional del proyecto europeo, la económica que padeció España y fenómenos como el Brexit han debilitado a la UE y han reducido su peso e influencia en un mundo que asiste a la consolidación de China como segunda potencia mundial y a la emergencia de nuevos actores como Rusia.

La UE debe empezar a recuperar el terreno perdido a escala mundial y un escenario propicio puede hacerlo es América latina sobre todo en la presente coyuntura en la que los EEUU de Donald Trump emprenden un viaje hacia el proteccionismo, el aislacionismo y el nacionalismo.

El eurodiputado socialista español Ramón Jáuregui se ha convertido en uno de los abanderados de la idea de que la llegada del nuevo Gobierno de Donald Trump en EEUU es una “excelente oportunidad” para que la Unión Europea (UE) desarrolle más sus relaciones con América Latina.

En una carta enviada a finales de 2016 a la jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini, el copresidente de la delegación europea en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (EuroLat), hizo hincapié en que la UE debe aprovechar la “posible política nacionalista y proteccionista” del republicano para desarrollar una “política firme” en la región.

“La UE estaría en la posición adecuada para aprovecharse y ocupar el vacío reforzando los pilares político, comercial, de desarrollo y social de la Asociación Estratégica Unión Europea-América Latina y Caribe”, señaló Jáuregui.

2-. Por razones políticas

La UE y España son el símbolo del mundo occidental y América latina forma parte de ese Occidente. Las dos regiones comparten una historia en común y un conjunto de valores democráticos en un tiempo en el que, como en los años ´30, el modelo liberal-democrático se encuentra cuestionado.

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El presidente de México, Enrique Peña Nieto y Angela Merkel durante la gira de la canciller alemana

Carlos Malamud, en un informe del Real Instituto Elcano recuerda que la UE y América latina tienen en común “la pertenencia a la sociedad occidental” y, por ende, unos mismos valores, lo cual va unido al peso geográfico, demográfico y de potencial económico de los países latinoamericanos, un continente “pacífico” -sin guerras- aunque con “mucha inseguridad ciudadana”.

Apoyados en esos pilares es sobre la que hay que edificar y reforzar una alianza estratégica entre la UE y la Celac frente a un mundo agitado por  la emergencia de los movimientos demagógicos y los fundamentalismos.

Como apuntara Arturo Valenzuela, ex asesor principal de Barack Obama para América Latina, “estamos ante una crisis global que requiere cooperación y es difícil pensar que sólo un país por muy potente que sea pueda resolverlos”.

El bloque UE-Celac tendría un mayor peso en el concierto internacional y resultaría clave frente a estados autoritarios, antidemocráticos o que quieran poner en cuestión el orden internacional por métodos violentos.

3-. Por razones comerciales

La UE y España deben esforzarse en buscar nuevos nichos para la exportación, más allá del propio mercado interno europeo, y a la vez ofrecerse como alternativa exportadora para los países latinoamericanos. Sobre todo para los centroamericanos, caribeños y mexicanos cuando a estos se les cierra, o dificulta, el acceso al ámbito estadounidense.

De hecho, un punto clave sería también concluir después de tres lustros el tratado de libre comercio entre Mercosur y la UE sobre todo en el actual contexto en el que el Brexit golpea a la UE y el ascenso de Trump lo hace a los latinoamericanos.

Como señalara el excanciller brasileño José Serra en su visita a Madrid: “En los momentos de incertidumbre los amigos tienen que unirse”.

La UE parte con una aventaja añadida y es que tiene acuerdos de libre comercio firmados con México, Chile, Centroamérica y con varios países andinos: el año 2017 arrancó con la incorporación de Ecuador al acuerdo comercial de la UE con Colombia y Perú.

La UE y España supondrían asimismo una apuesta por la diversificación de sus mercados de exportación para una América latina que oscila entre la chino-dependencia y la EEUU-dependencia.

Alemania, la gran potencia exportadora europea, ejemplifica muy bien los escasos vínculos comerciales de la UE con América latina. Como socio comercial, los 19 países de la América Latina representan en conjunto una porción muy pequeña del comercio mundial germano: 2.22% de las importaciones y 2.69% de las exportaciones. Los principales socios latinoamericanos son Brasil, México, Argentina Chile y Colombia, que sumados representan el 87% de las exportaciones hacia la región y el 83% de las importaciones desde la región.

Juan Carlos Martínez Lázaro, economista y profesor del IE Business School, suele incidir en que “España exporta más a Portugal que a toda América Latina ya que hacia Latinoamérica solo dirige el 6% de sus exportaciones mientras que a Portugal supera el 7%”. Incluso, en 2014-2015, África, con el Magreb a la cabeza, sobrepasaba a América Latina en el ranking de exportaciones: 6,6% frente al 5,9%.

4-. Por los intereses empresariales

El vínculo entre la UE y América latina se ha fortalecido por la llegada de inversiones europeas (españolas, holandesas, alemanas) a Latinoamericana y por el más reciente desembarco de empresas latinoamericanas (mexicanas, colombianas y chilenas) en la UE, sobre todo en España.

La Inversión Extranjera Directa (IED) procedente de la UE en América Latina y el Caribe representaba en 2015 un 34%  de toda la IED, superando el volumen de las inversiones realizadas por la UE en Rusia, India y China juntas.

Para el caso de España, como señalan Alfredo Arahuetes y Alfredo Gómez en un informe en Política Exterior, “entre 2009 y 2015 América Latina volvió a ser el principal destino de la IED neta española (41,5 por cien) por encima de EE UU y Canadá (38,6 por cien), y del 4,8 por cien de los países de la UE-28”.

El total de la inversión directa española acumulada en Latinoamérica y en el Caribe en 2014 fue de 130.571 millones de euros.

El mayor volumen se concentra en Brasil y México, tercer y cuarto destino de la inversión española, solo por detrás de Estados Unidos y Reino Unido.

Por otro lado, pese a los vaivenes, se ha ido consolidando la presencia empresarial latinoamericana en Europa y sobre todo en España.

En 2014, la in­ver­sión pro­ce­dente de Latinoamericana alcanzó los 3.152 mi­llo­nes (12% del total), con un au­mento del 16,1%, aunque des­cendió en 2015, a 1.673 mi­llones de eu­ros, el 7,7% del to­tal,

Existe, por lo tanto, mucho en juego, de un lado y del otro para proteger las inversiones y sobre todo para aumentarlas en ambas direcciones.

5-. Una relación útil y alejada de la palabrería hueca

La relación entre la UE y España con América latina tiene que mostrar que es útil para los estados latinoamericanos y, sobre todo, para sus ciudadanos. Una relación que no solo hace más fuertes a la UE y a los países latinoamericanos en el mundo sino que contribuye a mejorar la calidad de vida a ambos lados del Atlántico.

En ese sentido más que grandes declaraciones y espectaculares cumbre, el vínculo debe estar basado en el pragmatismo. La UE y España tienen un “know how” en materias que son importantes y decisivas para América latina, para el salto y el cambio de modelo de desarrollo que necesitan dar estos países.

Por ejemplo, la UE tiene mucho que decir en la lucha contra la corrupción y mucho que aportar en materia de construcción de estados más eficientes y eficaces por medio de políticas públicas. O en el terreno del combate contra la inseguridad ciudadana o de la mejora de los modelos y sistemas educativos.

La relación debe dar un salto cuantitativo y también cualitativo abarcando otros aspectos que van desde lo cultural a lo que más marca la vida diaria de los ciaudadanos. Pedro Pérez Herrero, director del IELAT, considera que las relaciones entre España y América Latina deben ser algo más que comercial ya que “las relaciones son entre personas y entre sociedades. Los diplomáticos no han comprendido que las relaciones no son para hacer negocio, son para construir un espacio diverso, con diferentes culturas y tradiciones que no queremos reconocer… el primer paso siempre es aceptar la pluralidad tanto de España como de América Latina”.

Asimismo, América latina puede encontrar en la UE ejemplos de políticas económicas que han permitido mejorar la productividad, la competitividad, que han estimulado la innovación y el emprendimiento a la vez que han construido sistemas fiscales más eficientes.

En palabras de José Antonio Llorente, “España nunca podrá ganar relevancia internacional de espaldas a América. El español es la segunda lengua más hablada del mundo, una herramienta cultural de primer orden y un elemento clave para nuestra competitividad y relevancia global. Conviene que todos los países trabajemos en esa puesta en valor de nuestra cultura; sin paternalismos, como buenos amigos y colegas embarcados en un proyecto común. Tenemos un extraordinario acervo histórico conjunto, pero también (y sobre todo) un futuro mucho más brillante juntos que por separado”.

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