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La apuesta de la UE por América latina ante el ensimismamiento de EEUU (I)

Los Estados Unidos de Donald Trump están en plena redefinición de sus objetivos en política internacional que incluyen una retirada parcial, pero retirada finalmente, en América latina.

Ese vacío geoestratégico solo puede ser ocupado por dos actores internacionales: China y la Unión Europea. La presente reflexión es la primera de tres en las que vamos a tratar de pensar cómo se puede construir un espacio atlántico formado por la UE, América latina y EEUU, y basado en los principios de la cultural occidental de defensa de las libertades, los Derechos Humanos y el Estado del Bienestar en la actual coyuntura internacional

Ya la propia campaña electoral estadounidense de 2016 ya mostró claras evidencias de lo que estaba por venir (en especial por la relación entre EEUU y México) pero las últimas decisiones de la administración Trump confirman que los EEUU van a perder capacidad de influencia sobre Latinoamérica.

La UE encara este momento histórico debilitada ciertamente por la recesión de 2008-2012, las crisis que ha afectado hasta hace poco a los países del sur, las dificultades por las que atraviesa Grecia y el sistema financiero italiano y finalmente golpeada por el Brexit.

Sin embargo, tiene una opción para reforzarse y ganar terreno e influencia mundial aprovechándose del vacío que deja EEUU y canalizando los deseos de los países latinoamericanos de encontrar nuevos socios y aliados para diversificar sus vínculos comerciales y relaciones político-económicas.

La administración Trump no ha trabajado los suficiente para diseñar una agenda que resulte atractiva para la región y tampoco ha puesto en marcha los engranajes necesarios para construir ese vínculo: todavía no ha nombrado al subsecretario de Estado para asuntos hemisféricos, ni al embajador ante la OEA, ni a los embajadores de países tan importantes como Argentina y Canadá.

Como señala Andrés Oppenheimmer, “Tillerson debe poner en marcha una agenda positiva para América Latina para demostrar que Estados Unidos no sólo está pensando en construir un muro, perseguir a inmigrantes indocumentados y desmantelar acuerdos comerciales. Trump le ha pedido a Tillerson que reduzca el presupuesto del Departamento de Estado y ayuda externa en un 32 por ciento”.

Washington está dejando un vacío en la región que la UE puede y tiene capacidad para ocupar en varios ámbitos regionales por intereses recíprocos, de los países de la región hacia Europa y de la UE con respecto a los países latinoamericanos:

1-. México busca aproximarse a la UE cuando EEUU se aleja

Las relaciones entre México y EEUU no han desembocado en una crisis bilateral ni terminal en el ámbito económico con la llegada de Trump a la Casa Blanca. No han conducido a México a una crisis económica y comercial pero el deterioro del vínculo es evidente. El TLC va a ser renegociado, el muro reimpulsado a partir de 2018 y el ambiente de mutua desconfianza no ha hecho sino incrementarse.

 

En esta coyuntura, el propio gobierno mexicano es más consciente que nunca de que necesita encontrar nuevos aliados para romper la dependencia y escasa diversificación económica y comercial con respecto a EEUU (el 80% de las exportaciones mexicanas tengan como destino su vecino del norte).

El reciente viaje de la canciller alemana, Angela Merkel, apunta hacia donde pone sus ojos la UE: a repotenciar la relación y modernizar el vínculo (el TLC). México y la Unión Europea (UE) acordaron en 2016 acelerar las negociaciones para modernizar su tratado bilateral de libre comercio y concluirlas este mismo año. Entre 1999 y 2016, el comercio de México con la UE se triplicó, al pasar de US$18.500 millones de a US]$61.700 millones, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía.

Sin embargo, esas cifras están muy lejos de las que ofrece el intercambio comercial de cerca de US$500.000 millones con Estados Unidos.

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El presidente de México, Peña Nieto, saludando a Donald Trump

El mensaje de la UE hacia México es muy claro en boca de la comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström: “En este tiempo hay quienes dudan del beneficio del libre comercio y de un reglamento multilateral. Nosotros queremos hacer comercio y dar esta señal; queremos construir puentes, no muros”.

2-. EEUU pierde terreno en Cuba en pleno acercamiento de la UE

La decisión de Trump de congelar el acercamiento con Cuba que impulsara Barack Obama se produce en una coyuntura muy favorable para que la UE gane terreno e influencia económica, comercial y en materia política (y de Derechos Humanos) en la isla.

Sobre todo teniendo en cuenta que otras potencias emergentes, la Rusia de Putin, podrían aprovechar la crisis venezolana para ganar ascendiente en La Habana. Como apunta Rafael Rojas, “la experiencia de seis décadas enseña que, lo mismo en La Habana que en Caracas, la opción autoritaria sobrevive mejor bajo el unilateralismo de Washington”.

A finales de 2016, la Unión Europea terminó con el veto institucional aplicado durante 20 años a Cuba. Tras casi dos años de negociaciones, el acuerdo derogaba la llamada “posición común”, promovida en 1996 por el entonces presidente del gobierno español, José María Aznar, que condicionaba la profundización de las negociaciones a avances democráticos y en derechos humanos en la isla.

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De hecho, dos iniciativas muestran la diferente dinámica de la UE y los EEUU. La Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento Europeo aprobó la semana pasada, por una clara mayoría (57 votos a favor, 9 en contra y 2 abstenciones), el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la UE y Cuba, y pidió el fin del embargo estadounidense. 

Este cambio en la UE coincide con la marcha atrás impulsada por la administración Trump que ha paralizado, al menos de forma parcial, la política de Obama hacia Cuba. Esta nueva situación abre las puertas a la UE para que se convierta en un actor fundamental y con mayor capacidad de llegada sobre una Cuba en pleno proceso de transición política (el fin de Raúl Castro en la cima del poder)  y económica.

3-. Centroamérica ante los recortes de EEUU

Miami ha sido este mes de junio el escenario de un encuentro de dos días de líderes de Estados Unidos, México y los países del Triángulo Norte en la Conferencia sobre Prosperidad y Seguridad en Centroamérica.

La conferencia, organizada de manera conjunta por Estados Unidos y México, ha confirmado que el gobierno de Trump quiere aplicar fuertes disminuciones en los fondos de asistencia a Centroamérica: la ayuda ha quedado fijada en 468 millones de dólares en el presupuesto para la región para 2018. Esto representa un recorte del 28% respecto a los 665 millones para 2017.

Asimismo, el gobierno estadounidense ha endurecido sus mensajes sobre los migrantes centroamericanos que llegan a través de la frontera y los que viven en Estados Unidos. Incluso hay dudas sobre que se pueda renovar  el Estatus de Protección Temporal (más conocido como TPS) que protege a unos 260 mil salvadoreños, 86 mil hondureños y 5 mil nicaragüenses.

Como apunta el analista Pedro Trujillo, “la recién concluida Conferencia de Miami se alejó de la corrección y aclaró contundentemente que la política exterior norteamericana es aquella que don Donald dijo que sería. Los portavoces gubernamentales —el vicepresidente Pence, entre ellos— dejaron claro que el fin que persiguen los USA cambia el nombre de “Plan de la alianza para la prosperidad” por el de “Plan de la alianza por MI seguridad y TU prosperidad”, y que cada quien haga su parte. Los norteamericanos desean más seguridad para proteger su territorio y requieren que los países del Triángulo Norte y México vigilen las fronteras y promuevan desarrollo para contener la emigración, así todos contentos y “asociados”. Apoyarán, pero con US$300 millones menos de lo inicialmente dicho, solo para que vayamos prestando atención al cambio”.

El alejamiento de EEU de los intereses de Centroamérica abre una puerta para la UE que tiene firmados tratados de libre comercio con la región desde 2012.

4-. Los puentes rotos entre la Alianza y EEUU

La decisión de la administración de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de Asociación Transpacífica aleja a EEUU de la Alianza del Pacífico.

 México, Perú, Chile y Colombia, que había apostado muy fuertemente por este tratado, van a seguir al margen del gobierno de Washington y han acordado explorar opciones para continuar con el pacto a pesar de la decisión de Estados Unidos de abandonarlo.

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Macri junto a la canciller Ángela Merkel

Además, los países miembros de la Alianza del Pacífico han chocado con EEUU en otro ámbitos. Así han manifestaron su decepción por la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París contra el cambio climático y han reafirmado su compromiso con la iniciativa multilateral. Chile, Colombia, México y Perú están entre los países más afectados por el cambio climático, con extensas sequías, graves inundaciones e inusuales cambios en las temperaturas del mar.

De forma paralela, la UE se ha sentido más y más atraída por el experimento de la Alianza del Pacífico. Ya el ex presidente de Francia, François Hollande, anunció que su gobierno comenzaría, conjuntamente con la Unión Europea (UE), una negociación con la Alianza del Pacífico para incrementar el comercio y la inversión entre los dos bloques.

La Unión Europea ha instado a sus países miembros que son observadores de la Alianza del Pacífico a “trabajar con vocación” con este bloque de integración económica. “En Europa se necesitan líderes” y para eso “tenemos que seguir avanzando en conjunto”, tal y como apuntó el embajador de la Unión Europea en Chile, Rafael Dochao, en el Encuentro Ministerial con los Estados Observadores.

El acercamiento a la Alianza se vería reforzado si la UE logra firmar un TLC con Mercosur. El bloque ha conseguido una mayor homogeneidad política e ideológica tras el final de la época Kirchner (2003-2015) en Argentina, la caída de Dilma Rousseff (agosto de 2016) en Brasil y el apartamiento de la Venezuela chavista de Mercosur.

Ahora el pensamiento en materia de integración es más homogéneo y los partidarios de firmar un TLC con la UE son mayoría pues predominan administraciones encabezadas por presidentes de similar tendencia (con Macri en Argentina, Temer en Brasil y Horacio Cartes en Paraguay) o de centroizquierda como el de Tabaré Vázquez en Uruguay.

Algunos de estos presidentes (Macri en especial) no solo buscan acercarse a Europa sino además tender puentes con la Alianza del Pacífico.

Conclusiones

En resumen, las decisiones de la administración Trump están alejando a EEUU de América latina. La insistencia en la construcción del muro con México, el recorte de las ayudas a Centroamérica, la retirada de EEUU del acuerdo transpacífico por el que apostaba la Alianza o el congelamiento de la relación con Cuba no hacen sino aumentar el abismo entre Washington y Latinoamérica.

Ese vacío tarde o temprano va a ser llenado por algún actor internacional lo cual obliga a la UE a mover ficha para reconstruir la relación apoyada en los vínculos histórico-culturales (pertenencia común al mundo occidental), en las potencialidades económico-comerciales y en los lazos políticos (defensa de las libertades y los principios democráticos).

A los centroamericanos, caribeños, mexicanos y sudamericanos se les cierra, o dificulta, el acceso al ámbito estadounidense. Una situación propicia para ser aprovechada por la UE a fin de avanzar sobre una región hasta ahora hegemonizada por EEUU y que ha visto como se producía una gran penetración de China.

Ese avance europeo tendría un punto de inflexión si finalmente se concluye, después de tres lustros, el tratado de libre comercio con Mercosur (donde se encuentran Brasil y Argentina) y se actualiza el vínculo con México. La UE, en su relación con América latina, parte con una ventaja añadida: cuenta con acuerdos de libre comercio firmados con todos los países de la alianza del Pacífico (México, Chile, Colombia y Perú).

En palabras de Ramón Jauregui: “los europeos debemos hacer nuestras las oportunidades que el aislacionismo estadounidense abre para nosotros. Ha llegado el momento de que la Unión Europea (UE) asuma un rol más relevante en la gobernanza mundial. A estas alturas, solo el euroescepticismo más recalcitrante cuestiona la necesidad de que Europa avance en seguridad y defensa colectiva, fortalezca su política comercial y se haga cargo del liderazgo en la lucha contra el cambio climático. Pero además, Europa debe aprovechar la coyuntura para reforzar su presencia en regiones donde su influencia puede ser bienvenida: es el caso de América Latina”.

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