Análisis del día·Sin categoría

América latina y su apuesta por la UE (II)

La UE necesita América latina de una forma equivalente a como Latinoamérica necesita a Europa. Y mucho más en el actual cambio de ciclo por el que atraviesa el mundo. En muchos aspectos, en cada una de las tareas que América latina tiene por delante para reforzar su identidad, ser más competitiva y socialmente más equilibrada, el Viejo Continente tiene un papel Importante que cumplir para la región.

El cambio de ciclo económico y el político por el que atraviesan los países latinoamericanos ha tenido como una de sus consecuencias poner al descubierto la mayoría de las debilidades y talones de Aquiles de la región, los cuales permanecían escondidos bajo el auge vivido entre 2003 y 2013. Después de las crisis de los años ´80 (La Década Pérdida) y los ´90 (la Media Década Perdida), Latinoamérica entró en un quinquenio mágico (2003-2008) dentro de una década de alto crecimiento (la Década Dorada), época en la que se produjo una considerable disminución de la pobreza.

Este periodo vino acompañado de una euforia desmedida (el llamado “latino-optimismo”) que llevó a algunos políticos y analistas a hablar incluso de que la actual era la década de América latina, lo cual este último trienio (2014-2017), de bajo crecimiento y estancamiento en la mayoría de las naciones latinoamericanas y crisis en algunos países (Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina), ha demostrado ser incierto.

El nuevo periodo en el que se halla la región ha desvelado una situación que se intuía pero que la euforia había dejado en un segundo plano: el periodo de auge no fue aprovechado en su totalidad para resolver muchas de las asignaturas pendientes de la región, aún reconociendo los avances logrados así como el descenso de la pobreza, la desigualdad y una cierta mejora en las infraestructuras.

1-. Déficits sociales no resueltos

La ralentización y la crisis han provocado que parte del terreno ganado en lo tocante a disminución de la pobreza se pierda y vuelve a aparecer como un problema estructural de la región en el que una parte de las clases medias emergentes entre 2000 y 2015 son, en realidad, clases medias vulnerables.

Entre 2005 y 2012 la incidencia de la pobreza multidimensional se redujo, como promedio para 17 países de la región, del 39% al 28% de la población. Además, entre 2002 y 2013, en el conjunto de estos países el índice de Gini cayó aproximadamente un 10%, del 0,542 al 0,486. De forma paralela, entre 2008 y 2013, la participación en los ingresos totales del 20% de los hogares más pobres se incrementó del 5,2% al 5,6%, mientras que la del quintil más rico se redujo del 48,4% al 46,7%.

En 2015 esa reducción de la pobreza se estancó y en 2016 la pobreza pasó de afectar a 168 millones de personas a 175 millones en Latinoamérica, según destacó la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena.La CEPAL apunta que la pobreza aumentó un punto porcentual, al pasar del 28,2% al 29,2%: “Hay que tener mucho ojo porque aquellos logros que tuvo nuestra región en materia de pobreza hay que mantenerlos, y eso sólo se va a lograr si blindamos el presunto de los gastos sociales”.

post_mexico-alemania-alianza-para-el-futuro

Los años del auge vieron aparecer una amplia clase media: entre 70 y 95 millones de personas alcanzaron ese estatus entre 2003 y 2013. Pero se trata de una clase media en buena parte muy expuesta al peligro de regresar al estrato social del que proceden, sobre todo, porque no existe un colchón protector, en especial cuando la desocupación en América Latina está creciendo: en 2016 y 2017 25 millones de personas están desempleadas, unas cinco millones más que en el año 2015, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Este organismo subraya que la tasa de desempleo de la región pasó del 6.6% en 2015 al 8.1% (el nivel más alto en lo que va de esta década) y se prevé aumente a un 8.4% en el 2017.

En la UE, el Estado del Bienestar se encuentra en cuestión y en entredicho, pero sigue siendo, en muchos aspectos, un ejemplo a seguir. La UE puede ser un referente para la región y ayudar a modernizar los sistemas de jubilación en un contexto en el que los que se impulsaron en los años 80 y 90 en América latina están mostrando sus serios límites como las protestas en México y Chile están sacando a la luz. Los países de la vieja Europa han logrado construir, más allá de problemas puntuales,  sistema fiscales eficientes que pueden servir como punto de referencia para aquellas naciones en las que la presión fiscal es escuálida (México, Guatemala o Perú) o como ejemplo para hacer más eficaces y eficientes los sistemas impositivos con alta presión (como Brasil y Argentina).

2-. Los persistentes déficits económicos 

La región ha llegado al final de su época dorada con una serie de déficits y carencias ya conocidas antes del auge y que son estructurales y persistentes.

Para salir de la crisis, el estancamiento y la ralentización es necesario acabar con ese conjunto de déficit que lastran Latinoamérica. “La región está en una encrucijada: o sigue en el actual camino restringido por el contexto global, o se compromete por una inserción internacional más activa que privilegie la política industrial, la diversificación, la facilitación del comercio y la integración intrarregional”, sostiene Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.

Por ejemplo el déficits en infraestructuras. Si bien la región ha hecho esfuerzos en ese terreno (Ecuador es un buen ejemplo) el desarrollo en ese ámbito sigue siendo insuficiente. El banco de desarrollo de América latina, CAF, señalaba en el informe IDeAL 2013 que “los avances han sido modestos en los últimos años: en 2010 el nivel de inversión en América Latina se acercaba al 3% de su PIB… América Latina enfrenta la oportunidad única para un desarrollo integral en la próximas décadas”. En palabras de Antonio Juan Sosa, vicepresidente de Infraestructura de CAF, los países latinoamericanos deberían invertir entre un 5 y un 6% del PIB, mientras que en la actualidad no se supera el 3%.

Macri_Merkel3

Invertir en capital físico (infraestructuras) y humano (educación) para ser más productivos y competitivos.

En este sentido el rezago educativo es muy marcado como destaca José Antonio Ocampo en su clásica obra sobre la historia económica de la región: “América Latina muestra un escenario contradictorio con respecto a la educación. Por un lado, ha realizado importantes esfuerzos que han redundado en mejoras sustantivas en el nivel educativo. Por otro, y en perspectiva comparada, los esfuerzos parecen haber sido rezagados e insuficientes y Latinoamérica ha estado en clara desventaja frente a otras regiones… Esto muestra claramente el retraso latinoamericano en términos absolutos. Sin embargo, si miramos el desempeño a lo largo del siglo XX, encontramos que Latinoamérica realizó importantes avances. De hecho, quizás más sobresaliente que el rezago actual es el que se tenía a comienzos del siglo XX, cuando el promedio de años de escolaridad era apenas de 1,5 años, solamente 24% del de los países desarrollados”.

América latina sigue arrastrando, pese a los años de bonanza, serios problemas en cuanto a su productividad y eso provoca que económicamente sea una región también poco competitiva.

Hasan Tuluy, del Woodrow Wilson Center Annual Latin America and Caribbean Dinner, señala que “para sostener el crecimiento, la región debe aumentar la productividad y adaptar las estructuras productivas a las nuevas circunstancias. Para algunos países será crucial mejorar el sistema logístico, otros deberán modernizar su infraestructura para adaptarla al mercado mundial. La calidad de la educación debe mejorar en la mayoría de los países. Para muchos otros, aumentar la competencia en la prestación de servicios será clave. En todos ellos, el Estado debe ser más eficiente a la hora de nivelar el campo de juego y proporcionar oportunidades y servicios a todos los ciudadanos”.

La falta de competitividad y productividad va muy unida a una región con importantes carencias en cuanto a la innovación y que se muestra poco acogedora para las iniciativas nacidas de los emprendedores.

Por contra, lo que más abunda es el empleo informal poco productivo, poco competitivo y que no aporta al erario público dejando al trabajador en un situación social de gran precariedad. Según el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el sector informal en algunos países supera el 60% del mercado de trabajo.

La región en general no ha escapado tampoco de la dependencia de la exportación de materias primas sin valor añadido y los destinos de sus exportaciones siguen estando poco diversificados: sus socios comerciales siguen siendo China en el caso de los países sudamericanos y EEUU para México, Centroamérica y el Caribe. La clave se encuentra en apostar por una producción más diversificada y con mayor valor añadido sin renunciar a la riqueza de los recursos naturales. Además, existen terrenos poco explotados como el mercado interno y, sobre todo, el comercio intraregional. Carlos ‘Chacho’ Álvarez, Secretario General de Aladi, sostiene que “en un mundo de incertidumbres y conflictos, en una globalización que muchas veces discrimina, necesitamos fortalecer el espacio económico latinoamericano. Es nuestra mirada más estratégica, nuestro comercio intrarregional es débil a comparación de comercios en otras regiones”.

En estos déficits económicos que golpean a la región, la UE tiene un rol muy importante que cumplir en el futuro de América latina:

1-. Europa es una alternativa comercial para América latina para eludir la excesiva dependencia de EEUU y China y lograr mayor diversificación comercial.

Como recuerda el eurodiputado Ramón Jauregui, “país por país, no somos nada. En cambio, todos juntos somos la comunidad supranacional más acabada del mundo y la primera economía en términos de PIB, con un mercado de más de quinientos millones de habitantes y un enorme potencial inversor, innovador y generador de riqueza. Seguimos siendo una potencia política y económica, aunque parece que últimamente se nos olvida”.

2-. Asimismo, las alianzas entre los poderes públicos latinoamericanos y empresas privadas europeas es ya, y podría ampliarse en el futuro, un magnifico puente para la llegada de inversiones en infraestructuras y logística.

3-. Europa y América latina deben replantearse el modelo educativo de cara al futuro por los retos que suponen las nuevas tecnologías. Qué mejor oportunidad para que se diseñe un nuevo marco educativo en el que, junto a la potenciación de las nuevas áreas de conocimiento tecnológico, se apueste también por reforzar la identidad cultural occidental y de defensa de los valores y principios democráticos que vincula a ambos lados del Atlántico.

3-. La crisis política

El estancamiento económico ha provocado que los malestares sociales se traduzcan en desafección política hacia el sistema de partidos y hacia una clase política que se rige aún por estrategias clientelares, poco transparentes y con altos niveles de corrupción.

Desde que el cambio de tendencia económica se hizo patente en América latina en 2013-2014, los diferentes oficialismos de la región lo están pagando muy duramente. El último ejemplo tuvo lugar en las elecciones locales de Chile que no fueron sino un nuevo capítulo de un proceso que se ha acentuado en el bienio 2015-2016: derrota del kirchnerismo en Argentina, del chavismo en las legislativas, ambas en 2015, de Evo Morales en el referéndum de febrero de 2016 y del PT en las elecciones locales de Brasil y del PRI en las mexicanas de 2016.

Como subraya Nicolás Albertoni, “al menos existen dos factores claves: primero que hay problemas estructurales que América Latina no ha podido resolver más allá de las bonanzas económicas y uno de ellos es la productividad. Ejemplo de ello es uno de los datos que resalta el IDH: de las más de 50 millones pequeñas y medianas empresas, el 70% son informales, y dos de cada tres nuevos empleos creados en la región fueron en el sector de servicios, que tiene baja productividad y altas tasas de informalidad. Un segundo factor es el desgaste institucional que ha tenido América Latina luego de tantos años de abuso de poder”.

La UE y América latina tienen por delante un doble reto a corto plazo ante el cual deben cooperar en la búsqueda de soluciones y a la hora de compartir e intercambiarse experiencias. Por un lado, los países de la UE y los latinoamericanos están obligados a diseñar estados eficaces y eficientes a la hora de poner en marcha políticas públicas que canalicen las demandas sociales. Por otro lado, el modelo democrático y el sistema de partidos necesita amplias reformas y adecuarse a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías. Con la defensa de los valores occidentales (democracia y respeto a los Derechos Humanos) como soporte y pilar fundamental europeos y latinoamericanos deben emprender un viaje intelectual y empírico para construi las democracias del siglo XXI.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s