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El triángulo atlántico: EEUU, UE y América latina

El mundo atlántico es un triángulo formado por la UE, América latina y los EEUU, donde quizá cabría añadir a los países africanos.  Ese triángulo del que ya hemos analizado el vector UE-América latina y el vector Latinoamérica-UE tiene otro segmento que es el formado por América latina/UE y EEUU.

Desde que EEUU se convirtió en una potencia emergente regional a finales del siglo XIX ha estado de forma paulatina acercándose y alejándose de la región. Ha pasado por periodo de introversión (los años 20 o en la actual presidencia Trump) sucedidos por periodos de mayor involucramiento con una visión de mayor igualdad en la relación (la política del Buen Vecino de Roosevelt o las iniciativas de Barack Obama) o de claro intervencionismo (el periodo de Harry Truman, Dwight Eisenhower o Ronald Reagan).

Lo que parece claro es que, más allá de todos esos vaivenes, la defensa de los valores occidentales, de respeto a los derechos humanos y a las ideas democráticas, requiere de una coordinación entre estas tres grandes áreas geopolíticas que baña el Atlántico.

A finales de la década pasada, parecía que el papel de EEUU estaba en retroceso en América latina. Cinco años después (2016) Washington recuperó peso e influencia con Barack Obama en la Casa Blanca aunque la llegada de Donald Trump ha hecho, de nuevo, retroceder a los Estados Unidos.

EEUU, tras las guerras de Afganistán e Irak y debido al surgimiento de una serie de  liderazgos alternativos a escala regional (Brasil o el polo de los países del ALBA liderado por Venezuela), fue perdiendo peso geopolítico durante la primera década del siglo XXI.

El fracaso de la cumbre de Mar del Plata en 2005 escenificó esa pérdida de protagonismo cuando Venezuela, Brasil y Argentina rechazaron la creación del ALCA.

Por el contrario, en 2006 nacía el ALBA impulsado por Hugo Chávez quien estaba convencido del próximo final de la influencia de Washington sobre la región. “A ustedes les corresponderá ver con sus propios ojos la caída del coloso, el fin del imperio norteamericano, en este mismo siglo. Este es el siglo del fin del imperio norteamericano y del nacimiento de la nueva y grande patria nuestra, libre y unida”, vaticinó Chávez ante más de 25.000 personas, en su mayoría jóvenes estudiantes cubanos y latinoamericanos.

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En 2010, el liderazgo estadounidense en América latina lucía muy debilitado por varios factores. En primer lugar, por la crisis que golpeó tan duramente a EEUU desde 2008.

En segundo lugar, por la creciente influencia de China en la región, país que además se había convertido en el principal socio comercial de muchos países latinoamericanos.

En tercer lugar, en la propia América latina había surgido un polo de países que, amparados en el antiimperialismo, se oponían al liderazgo estadounidense. Encabezados por Hugo Chávez, Venezuela tenía otros aliados como la Cuba de Raúl Castro, la Nicaragua de Daniel Ortega, el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales y la Argentina de los Kirchner. Además Brasil, la gran potencia sudamericana, dirigida por Lula da Silva buscaba ejercer de contrapeso al liderazgo estadounidense.

Pero entre 2010 y 2015 ocurrieron varios cambios a escala mundial y regional que devolvieron a EEUU una parte importante de su protagonismo en América latina.

La recuperación económica unida a las dificultades y cambios por los que atraviesa China devolvieron a EEUU el protagonismo económico en la región, en especial en lo que se refiere a México, el Caribe y Centroamérica.

Además, los principales polos antiimperialistas se han ido debilitando: el liderazgo de Hugo Chávez no ha sido sustituido a escala regional, la Argentina de los Kirchner ya es historia y Venezuela se halla sumida en una crisis de enormes proporciones que la inhabilita para sostener su política regional antiestadounidense.

Asimismo, la estrategia de Obama logró tender puentes con enemigos históricos como Cuba e incluso algunos países como Bolivia han relajado parte de su discurso contrario a Estados Unidos.

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Este país recuperó entonces peso y posición en la región: En el Caribe, el deshielo de las relaciones entre Cuba y EEUU colocaba a Washington en una situación inmejorable para cuando se produjera la transición política y se completara la transición económica. “Estábamos dispuestos a cambiar la historia tras décadas de políticas que no habían funcionado. La primera solución para dejar de cavar un agujero interminable es precisamente dejar de cavarlo”, dijo John Kerry, el entonces secretario de Estado de EEUU.

Washington asimismo tuvo un papel clave en el respaldo a Juan Manuel Santos en sus negociaciones con las FARC. Según explicó el entonces asesor adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, EE.UU. tiene intención de continuar asistiendo al país andino en materia de seguridad en un escenario de postconflicto: “En términos de recursos, EE.UU. ha proporcionado enormes recursos en los últimos años al Plan Colombia para la seguridad de Colombia. Creo que continuaremos en los próximos años proporcionando recursos para la seguridad de Colombia”.

Además, EEUU consiguió fortalecer sus relaciones no solo con Colombia sino con Perú y Chile, además de México, a través de la Alianza del Pacífico.

El nacimiento del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, en inglés), impulsado por EEUU, suponía un fuerte espaldarazo para la Alianza del Pacífico pues tres países de este foro, Chile, Perú y México, integran el TPP. Por contra, los que estaban fuera del TPP (fundamentalmente los países de Mercosur) se quedan al margen de lo que se antojaba, en el futuro más cercano,  como el gran escenario mundial en materia comercial, de crecimiento y desarrollo. Estas tres naciones latinoamericanas se integran, por lo tanto, en un pacto de libre comercio que va a unir al 40% de la economía mundial y puede transformarse en el acuerdo regional más grande de la historia.

Además, otros hechos reforzaron el liderazgo regional estadounidense:

Por ejemplo, el debilitamiento de bloque bolivariano: EEUU ha visto como Rafael Correa salía de la escena política ecuatoriana (en 2017) y Evo Morales perdía fuerza interna al ser derrotado en el referendum de febrero de 2016. Asimismo, la Venezuela de Nicolás Maduro se desliza cada vez más rápido hacia el colapso económico, que va acompañado de una crisis institucional e incluso de una crisis de gobernabilidad.

EEUU no solo ve como se debilitan sus rivales sino que gana nuevos aliados con el fin de la hegemonía kirchnerista en Argentina o la debacle del PT en Brasil. La llegada de Mauricio Macri a la presidencia de Argentina provocó que este país saliera de la coalición antiestadounidese. La Casa Blanca se ha comprometido a apoyar a Macri y ya no será un obstáculo para que el país acceda a créditos de organismos financieros multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial (BM).

Joaquín Morales Solá en La Nación apuntaba que “fue significativo que el Presidente impulsara el deshielo de la relación con Washington. Tuvo dos consecuencias concretas. La primera fue la decisión del gobierno de Obama de levantar su voto negativo sobre los créditos que pide el país ante los organismos internacionales, sobre todo en el BID y el Banco Mundial. El no de Washington fue acompañado en los últimos años, en el caso del Banco Mundial, por importantes países europeos y asiáticos, que podrían cambiar ahora su posición. En el BID, la negativa de Washington fue seguida por algunos países latinoamericanos… El solo hecho de permitirle al Fondo Monetario difundir sus conclusiones sobre la economía argentina no sólo significa el regreso del país a ese organismo, del que es miembro pleno, sino también el compromiso de resolver aquellos problemas”.

La llegada de Donald Trump ha supuesto un impasse en este acercamiento. Las relaciones con México no se han desmoronado pero claramente se han enfriado. Los países de la Alianza del Pacífico han pasado de ser piezas claves en la ofensiva estadounidense en la región Asia-Pacífico a ir por su lado y al margen de EEUU en la relación con China. Con Cuba el proceso de deshielo se ha detenido y con Centroamérica la implicación a la hora de acabar con la penetración del narcotráfico y las maras se ha reducido.

Conclusiones

Ver el actual distanciamiento entre los EEUU y América latina como un elemento estructural es un error. Donald Trump es un síntoma de los males que aquejan a EEUU pero su presencia y hegemonía son coyunturales.

Una vez que los tiempos de Trump hayan pasado los tres vértices del triángulo (EEUU, UE y América latina) deberán ponerse manos a la obra para reconstruir y reformar el vínculo atlántico.

Un vínculo atlántico que se basa en pilares históricos, políticos, sociales y económicos:

-. En los valores liberal-democráticos nacidos durante las Revoluciones Atlánticas (1775-1848) que se acontecieron en Estados Unidos, Europa Occidental y en América latina

-.En la búsqueda de la justicia social (desde el New Deal de Roosevelt pasando por el Estado del Bienestar europeo o las políticas sociales que  se implementaron desde 2003 en América latina)

-. En unas raíces culturales comunes que permiten crear puentes de entendimiento y comprensión entre ambos lados del océano.

Apoyado en esos pilares, el mundo atlántico y occidental que conforman América latina, la UE y los EEUU podrá actuar al unísono y de forma coordinada para sostener la primacía de los Derechos Humanos, de las libertades, del bienestar social y una forma similar de concebir la vida producto de una cultura, educación y lenguas con raíces parecidas.

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